La humildad

La humildad

Imagina por un momento,
antes de dormir…
el silencio envuelve el lugar y el cielo sobre ti está despejado.
Al-lah ha puesto un velo sobre tu corazón como la noche pone su velo sobre la tierra.
¿Quién eres sin Su misericordia?
¿Quién eres si olvidas que solo eres un siervo, débil y necesitado?
A veces la arrogancia nace en silencio,
no grita… sino que susurra:
«Soy mejor que los demás… merezco más… sé más».
Y el Corán nos susurra con sabiduría:
{Y los siervos del Misericordioso son aquellos que caminan por la tierra con humildad, y cuando los ignorantes se dirigen a ellos, dicen: paz.} [Corán 25:63]
Caminan con tranquilidad… no por debilidad, sino por conciencia.
Y saben que todo lo que poseen es un regalo de Al-lah.
La comida que comen, el aire que respiran, e incluso su capacidad de postrarse, todo es un regalo.
La humildad
no es empequeñecerse ante las personas,
sino recordar
quién eres ante Al-lah.
Cuanto más se inclina el corazón, más se eleva el espíritu.
Y cuanto más caminas con serenidad, más sientes la cercanía del Misericordioso.
Cuando alimentas el alma con humildad,
crece una luz dentro de ti que ilumina cada lugar por donde caminas.

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