Reflexionar sobre el un iverso como una puerta
Imagínate que miras el cielo en una noche tranquila.
No pienses en nombres de estrellas ni en ecuaciones de física… solo mira.
Y deja que tu corazón pregunte antes que tu mente:
¿Cómo pudo coincidir toda esta belleza y precisión sin que tenga un Creador?
El Corán llama la atención hacia esta idea de manera simple y profunda:
{Ciertamente, en la creación de los cielos y de la tierra y en la alternancia de la noche y el día hay pruebas (del poder de Al-lah) para los hombres de buen juicio} [Corán 3:190]
Es como si el versículo te dijera:
El universo no es un paisaje, sino un mensaje.
Y cada parte de él es una evidencia,
pero la evidencia solo la comprende quien reflexiona con el corazón y la mente al mismo tiempo.
El universo no es solo un conjunto de cuerpos celestes.
Es un libro abierto,
cuyas páginas son las estrellas,
cuyas líneas son las montañas,
y cuyas pausas son el movimiento del tiempo.
Cuando empieces a leerlo descubrirás que la fe no es un relato impuesto,
sino el resultado natural de un viaje de reflexión sincera.
No necesitas ser astrónomo para entender,
ni filósofo para preguntarte;
basta con que mires hacia el cielo
y dejes que la pregunta emerja dentro de ti:
¿Quién puso todo en su lugar?
¿Y por qué se repite la sensación de que hay algo más grande esperando que lo veamos?
El universo no grita…
susurra.
El susurro del universo es un camino…
y para aquel que camina en él con sinceridad,
Al-lah le abre una puerta de luz que no se cierra.
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